VESTIR CON ALGO MÁS QUE ROPA

Por: Liliana Rocha Parra.

 

 

Nos vestimos con algo más que ropa. En principio el vestirse se estableció como respuesta a los cambios climáticos y de terreno, como herramienta de protección física. Además, con el paso del tiempo llegó a encontrarse en las prendas, significados y usos que trascendían lo meramente utilitario. Lo ritual comenzó a ser una fibra fundamental de los tejidos. A su vez, y desde tiempo atrás, la indumentaria ha respondido también al objetivo de hacer al sujeto parte de una comunidad y al mismo tiempo diferenciarlo de sus pares. Lo que hace la ropa es un ineludible indicador de lugar, tiempo y cultura.

Las propiedades protectora, ritual y social de la ropa han permanecido en su esencia, sin embargo, se han transformado. La utilidad del vestido ha alcanzado límites que parecían fantasía. En el campo del diseño son innumerables las posibilidades que se desarrollan en relación a la protección del sujeto por medio de la ropa, al punto que se han creado prendas que protegen la identidad informática de quien las porta (artículo al que se hace referencia[1]).

Sin embargo, prestando especial interés a la naturaleza ritual del vestirse, cada vez estamos más enfrascados en el frenesí de nuestra sociedad olvidando por completo esta cualidad. Situación ligada a la actual relación comercial con la ropa, en la que la producción y consumo de prendas de vestir responde a un fuerte sistema de pulsiones aceleradas, de desgastes imaginarios, promovidos como una inevitable carencia adquirida, por lo que nos hemos visto arrastrados a olvidar esta íntima característica. Como lo cita LEROI-GOURHAN, “la estética del vestido y del adorno, pese a su carácter enteramente artificial, es uno de los rasgos biológicos de la especie humana más profundamente atados al mundo zoológico”[2] De manera que vestirse es una acción ligada al desarrollo más básico de la nuestra naturaleza. Vestir no es tan solo una acción autómata de envolverse con telas, pues encierra todo el trasfondo personal y el pensamiento reflejado en la ropa con la que disfrazamos, disimulamos, exageramos, ocultamos y revelamos nuestro cuerpo, ya que “por el vestido se verifica el paso de lo sensible de la desnudez a la significación del cuerpo”[3].

Vale considerar que la idea de la ropa como un objeto sin significado, está asociada a la búsqueda de acoger modelos de belleza por encima del deleite sensible del cuerpo. En esta omisión se anula lo poético de las prendas, entrando en conflicto con el hecho que “la historia de los trajes es menos anecdótica de lo que parece. Plantea todo tipo de problemas: de materias primas, de procedimientos de fabricación, de costos, de fijaciones culturales, de modas, de jerarquías sociales. El traje, tan variado, señala por doquier con insistencia las oposiciones sociales”.[4] Y en este sentido, el inconsciente uso de la ropa ubica en un lugar menos importante la experiencia del cuerpo.

La forma de la ropa configura el espacio que ocupa el cuerpo y por ende al cuerpo . Dicha configuración responde a una serie de cualidades físicas de formas, colores y texturas con numerosas posibilidades de procesos y materiales. Aunque sin duda, esta producción está modelada en gran medida por los medios masivos de comunicación, quienes trasmiten una cíclica, inagotable y reiterada concepción de las convenciones que forman la ropa. Razón por la cual, cada día moldeamos ese espacio indumentario de manera que reajustamos la noción corporal en función del entorno.

El cuerpo a su vez, responde a la experiencia del individuo a partir de los estímulos sensoriales en la ropa. A determinadas prendas les otorgamos significados ligados a recuerdos o vivencias pasadas. De esta manera, desde el contacto del cuerpo con la ropa, se construyen una serie de vínculos poéticos cargados de sentido emotivo. De ese vinculo también hay una exteriorización palpable en la relación con el entorno, como una expresión del cuerpo a través de la ropa que genera una interacaión de reciproca afectación entre la sociedad y el individuo.

Cada vez que salimos a la calle nos confrontamos con diversos códigos culturales. La elección de las prendas con que nos vestimos, que en muchas ocasiones sugiere ser aleatoria, esta intrínsecamente ligada a nuestra postura como individuos sociales. Lo paradójico es que muchas veces se hace caso omiso, voluntaria o involuntariamente de los mensajes que están incrustados en las prendas con las que nos cubrimos. Casi como si se tratara de nuestra membrana, la ropa es una capa de permeabilidad selectiva que nos comunica y a la vez aísla del entorno. El sugestivo acto de vestir se condensa entonces, en el atributo camaleónico de la ropa.

En definitiva el vestirnos abarca un universo que trasciende lo puramente . Pues en esta acción diaria se crean innumerables relaciones, poderosamente significativas para cada persona. Re-acercarnos a la experiencia sensible a través de la ropa, tanto de las materias que la componen como de la relación del cuerpo y la prenda como espacio habitable, es probablemente un deleite del que vale la pena disfrutar aunque lo sintamos hoy esquivo.

De M. M. Carranza, un poema para dar un vistazo a esa otra forma de vestir.

 

El Oficio De Vestirse

De repente,

Cuando despierto en la mañana

Me acuerdo de mí,

Con sigilo abro los ojos

Y procedo a vestirme.

Lo primero es colocarme mi gesto

De persona decente. (…)

Visto mi tan deteriorada esperanza,

Me meto entre la boca las palabras, (…)

Entre el armario selecciono las ideas

Que hoy quiero lucir

Y sin perder más tiempo me las meto en la cabeza.

Finalmente me calzo los zapatos

Y echo a andar (…).

 

Ma. Mercedez Carranza

De Amor desamor y otros poemas, Ed Norma, Bogotá, 1995,  Pág. 67.

 

FUENTES

Bibliografía

DOMINGUEZ RENDON, Raúl, Vestido, Ostentación y Cuerpos en Medellín 1900-1930, Fondo Editorial ITM, Colombia.

El Lenguaje De La Moda, Una Interpretación De Las Formas De Vestir, Ed. Paidós, Barcelona.

VILLEGAS, Benjamín – MARÍN, Nacho. ÁTAVÍOS, Raíces de la moda colombiana. Villegas editores. Colombia..

MONTAÑA, Antonio, Cultura Del Vestuario En Colombia. Antecedentes Y Un Siglo De Moda 1830-1930. Bogotá: Fondo Cultural Cafetero.

Webgrafía

JACOBS, Bel. “Cómo Lo Que Viste Puede Ayudarlo A Evitar ser Vigilado” http://www.bbc.com/culture/story/20170320-how-what-you-wear-can-help-you-avoid-surveillance.

Moda y libertad en la Nueva Granada, Exposición en el Gabinete de Miniaturas del Museo Nacional de Colombia.

http://www.arteenlared.com/latinoamerica/colombia/moda-y-libertad-en-la-nueva-granada.html http://www.enorbita.tv/blog/colombia-xix

 

Madeleine Vionnet y el vestido de mujer como obra de arte

http://palabrademujer.files.wordpress.com/2011/04/pdm_03_04_2011_.jpg

 

Art in the shape of fashion, CASABLANCA MIGUELES Luis, Department of Drawing of the University of Granada.

http://www.eurekalert.org/staticrel.php?view=ugr07052007sp

 

[1] Articulo JACOBS, Bel. “Cómo Lo Que Viste Puede Ayudarlo A Evadir La Vigilancia” http://www.bbc.com/culture/story/20170320-how-what-you-wear-can-help-you-avoid-surveillance.

[2] LEROI-GOURHAN, Adré, El Gesto y La Palabra, Universidad Central de Venezuela, 1971, Pág. 339.

[3] Ibíd., LEROI-GOURHAN, Adré, El Gesto y La Palabra, Universidad Central de Venezuela, 1971, Pág. 339.

[4] BRAUDEL, Fernand, Civilización Material, Economía y Capitalismo, Alianza Editorial, España, Tomo I, Pág. 265.

LO QUE LE SUENA AL RIO NO SON LAS PIEDRAS

LO QUE LE SUENA AL RÍO NO SON LAS PIEDRAS.

Sobre Alberto Baraya y El Río.

 

En una de las salas temporales del Museo del Banco de la república se  presentaron 6 PROYECCIONES[1], piezas de vídeo adquiridas por el banco. Esto ya es en sí un tema de reflexión. La imagen en movimiento no tiene una historia tan antigua como otros tipos de expresiones visuales. El museo cuenta con diversas salas que contienen obras de escultura y de pintura, en realidad bastante conservador, notablemente moderno.

La colección del museo es amplia y es sin duda un referente valioso para los estudiantes y amantes de las artes de la capital y del país. También es importante resaltar que estos espacios museales tienen una función pedagógica. No es inocente encontrar ciertas piezas de arte. Esto responde a tendencias de tipo estilísticas, políticas, religiosas, entre muchas otras razones, que han afectado las producciones culturales en cada momento de la historia. Esto quiere decir que los museos, todos, son responsables de influenciar la forma en la que leemos, accedemos y replicamos la historia. (Hablaremos de esto con más detalle en otros números)

Al entrar en esta muestra de videos del LABORATORIO, espacio para propuestas más experimentales, lo que encontramos son 6 piezas de video, todas a partir de grabaciones naturales (no animaciones ni efectos especiales) que intentan disparar en los espectadores alguna sensación. Las obras tienen ese tono, intentan movilizar lo sensible desde la contemplación, el incesante transcurrir del tiempo.

Las obras proyectadas son de Carlos Motta, Mario Opazo, Leone Moyano, Carlos Castro. La obra de Alberto Baraya se desarrolla en el Río, esta pieza llamó mi atención ya que la encuentro pertinente para el momento histórico del país. La coyuntura de una obra de arte en su espacio tiempo es una cualidad que destaco de los artistas. Sea cual sea su estética y tratamiento.

Baraya se ha acercado a las artes de una manera científica. Para el bicentenario de la muerte de Mutis realizó una expedición botánica en la que pudo hacer diferentes registros de la amplia gama natural de nuestro país. Sus trabajos no están determinados por la técnica, ya que pueden producirse mediante la fotografía, el vídeo, los dibujos y los moldes en látex u otros materiales. Lo que parece interesarle son las relaciones entre el territorio y sus habitantes, sus historias.

Para su expedición sobre el río Amazonas durante el año 2005 nos trae una pieza de vídeo que es altamente contemplativa. ¿Hace cuánto no vamos al rio? Baraya gana el premio Luis caballero en el año 2006 y se confirma como un artista maduro con un propósito en cumplimiento.

RÍO es una pieza que parte de los elementos esenciales. Del agua, de los indígenas, de las palabras, de la poesía. Es interesante como al ver una pieza artística uno puede llegar a pensar en tantas cosas. Una de ellas es la sensación de lejanía sobre nuestros paisajes, sobre nuestra cosmogonía. Tierras abrazadas por el fuego y los combates que siguen inexploradas por la mayoría de nosotros, pero no por los violentos, no por los enemigos de la paz.

 

Esta barrera que se ha levantado durante años de conflicto, que nos ha cegado ante el paisaje, es la que debemos seguir luchando por anular. Este río ha sonado durante décadas y nos alejado de nuestras raíces. El arte ha sido, en este caso, en portador de viejas noticias y de nuevos deseos de exploración.

Susan Sontag, teórica en fotografía, tiene la idea de que es el fotógrafo el médium por el cual podemos acceder a otros lugares, es un dispositivo de deseos. En este caso, Baraya nos permite antojarnos de país mediante su obra, sin filtrarse entre tonos dulzones ni catastróficos, solo nos pone en frente de un reflejo de su experiencia. Nos hace sentir la frescura del río y nos invita a conocerlo.

Creo que así es el arte, cuando lo toca a uno. Lo transporta a otras vidas y hace que uno quiera expandir la propia. Cuando el arte nos hace preguntas sobre el la historia, el mercado, la política, el amor. Cuando las preguntas están bien hechas pueden ser respondidas en cualquier momento y por cualquier persona.

 

Un fragmento del audio que acompaña el vídeo, dice así:

 

…Su pesadilla, nuestro sueño,

Sus monstruos nuestros ídolos,

Sus perversiones nuestras creencias,

Su historia nuestro calvario.

 

Nuestra tierra su tesoro

Mi voz mediada por la tuya.

 

Palabras impuestas sobre mis acciones

Tradiciones designadas como comportamientos.

 

Tus intereses reflejados en mi cuerpo

Soy una ficción inventada por ti.

 

Mírame a los ojos

¿Qué ves?

¿El caudal del río?

 

[1] http://www.banrepcultural.org/arco-madrid/6-proyecciones

FOTO 21 / Claudia Avila.